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viernes, 23 de diciembre de 2011

ES NAVIDAD

Puede que el recuerdo más antiguo de mi vida sea el de despertarme en la cuna y ver los regalos de Reyes sobre mí, no llego a tanto de acordarme de qué regalos eran, tendría tres o cuatro años, y no creo que fuese nada relacionado con el correr.

Desde entonces siempre recuerdo las Navidades como un tiempo mágico, donde la oscuridad del invierno y el mal tiempo se transforma en luz, donde parecen dejarse de lado las desavenencias y recuperar el lado más amable de las personas, donde parece que nos obligamos a ser felices con una sonrisa y de verdad que lo conseguimos, son los días en que se cumplen los sueños de muchos niños.

Porque la Navidad es el tiempo de volver a ser niños, no de ser infantiles, sino de recuperar nuestro lado más inocente, ese que nos hace ser curiosos, despiertos ante lo que nos interesa de verdad, esa parte nuestra que nos hace estar abiertos ante lo que pueda suceder sin perjuicios, en que nos mostramos más vulnerables porque dejamos de estar a la defensiva y aparecemos como somos, sin apariencias ni disfraces, porque solo nos motiva ser felices y la felicidad es emoción, sentimiento, no se razona.

La Navidad fomenta nuestra curiosidad, es un tiempo es que nos hace volver la mirada a nuestro interior, y nos hace remover recuerdos, bajar a veces a nuestro sótano y volver a encontrarnos con un pasado lleno de polvo pero que basta con soplar para que aparezca ante nuestros ojos. Ese polvo es el olvido, algunas veces injusto, y otras intencionado, por eso es bueno de vez en cuando hacernos una visita y recordar cómo somos, aunque a veces escueza porque afloran los huecos que dejaron los que ya no están pero que siguen formando parte de nosotros.

Siempre recuerdo la ilusión de la noche de Reyes, acostarme en mi cama con la oreja atenta al menor ruido, y el despertar maravilloso de mi madre diciendo “que ya han venido los Reyes”, levantarnos a toda prisa mi hermano y yo y entrar en la salita llena de regalos. Esa cara de ilusión, esos ojos que estallan de sorpresa, se me aparecen ahora, con los años, en la expresión de mis hijos, cuando ven aparecer por el balcón a Papá Noel con el saco de los regalos. Eso es impagable, volver a presenciar la inocencia en estado puro, hacer resurgir de tu interior el eco del niño que llevamos dentro y que llevamos el resto del año acallando porque este mundo no tiene nada de inocente.

Por eso sea bienvenida la Navidad, porque hace emerger la ilusión, la esperanza, la benevolencia, las buenas intenciones, los sentimientos de los niños, esos maravillosos seres carentes de malicia y que solo se mueven desde un corazón abierto.

Para que esa luz se despierte en vuestro interior y no se apague el resto del año, os deseo una FELIZ NAVIDAD.

lunes, 31 de octubre de 2011

ENCABRITADO

   Mi intención en la carrera de Tordesillas era hacer un entrenamiento de rodaje, de meter kilómetros, ya que con tantas carreras seguidas los fines de semana no hay tiempo para rodajes largos. Así que con ese planteamiento me presenté en la línea de salida. Allí me encontré a Mundo, un veterano de nuestra ciudad, que con su pañuelo al cuello, mostraba el cuchillo de su experiencia entre los dientes lleno de muescas.
   Con el pistoletazo de salida se desvaneció como por encanto la niebla con la que había amanecido el día, con un fresquete que te llegaba hasta la médula. Al principio salí muy relajado, de conversación con Mundo. Los dos primeros kilómetros, saliendo de la villa, camino del Parador, donde a la entrada se vuelve por el mismo camino, lo que te da la posibilidad de ir viendo a los primeros corredores. Ahí me fijo que por delante de mí se encuentra un aguerrido miembro del equipo de Benavides, y sin poder evitarlo se despierta mi instinto animal, mi instinto depredador hace que me olvide de compañías e inmediatamente y casi literalmente, empiezo a volar.
   A partir de ahí empieza para mí la carrera, me dejo de entrenamientos y mandangas y la cabeza con otro planteamiento toma el mando de las operaciones. Conozco el terreno, a la perfección el itinerario, he corrido por aquí cientos de veces, así que la cabeza fría dirige las piernas. La corta pero dura subida a la Plaza Mayor, conservando, para después seguir con ligereza.
   La carretera hacia Matilla, aquí precisamente estrené hace un par de meses las zapatillas que llevo puestas, y como si lo presintiesen me piden marcha, escucho a mi cuerpo, señales positivas me responden, así que al ataque con todos los efectivos.
   Se me alía un muchacho por el camino, y entre los dos nos vamos deshaciendo de cuantos grupos nos vamos encontrando (entre ellos al de Benavides, lo siento), hasta que a él también le dejo atrás. Llegando a Matilla encabezo un nutrido pelotón de atletas de distintos sitios, aprieto un poco el acelerador y les dejo, hoy estoy que me salgo. Pienso que ya lo pagaré más tarde, y también pienso que para arrepentirse siempre hay tiempo.
   Sigo como una moto por la estrecha carretera que lleva hasta la nacional. Sobre el kilómetro 15 otra subidita, corta pero que ayuda a ir seleccionando al personal. A partir de ahí, pienso, es cuando puedo tener problemas, el esfuerzo hasta ahora, con la velocidad de crucero que he llevado, las constantes subidas y bajadas, pueden empezar a pasar factura. Pero viene a mi memoria la experiencia que tuve en La Bañeza con Aarón hace quince días, cómo hizo sacar de mí de donde creía que ya no quedaba, así que me propongo hacer lo mismo sin ayuda, pero con el mismo espíritu, y funciona.
    Solo cuando ya dos kilómetros faltan para la llegada las piernas empiezan a  resentirse.  Voy más tirando que corriendo, me mueve más la inercia que la fuerza. Me encuentro entre el público a mi familia, incluida mi madre, y saludo intentando esbozar una sonrisa para que no se note el sufrimiento.
   Y en esas que llegamos al tramo final, una calle estrecha, peatonal, de unos cien metros, que termina  en la meta. Ahí oigo que un corredor anima por su nombre a su compañera, y al ser chica, el público enardece de entusiasmo. Eso me espolea, decido cambiar el decorado, de la lírica de las palabras a la épica de los hechos, aprieto los dientes, tiro de testosterona, me encabrito y salgo disparado en un sprint desbocado calle abajo, dejo atrás a todo el mundo, y hasta el público desaparece, solo la meta como la luz al final del túnel, donde más que llegar desemboco como un torrente, teniendo que agarrarme a mi amigo Toño Maga que me esperaba para no caerme.
   Al final el tiempo mejoré respecto a la misma carrera hace dos años, pero lo importante fueron las buenas sensaciones durante todo el recorrido, correr a gusto, a buen ritmo y disfrutando que es de lo que se trata.

martes, 27 de septiembre de 2011

CORRER SIN PARAR


   Ya ni me acuerdo del tiempo que hace que no escribo en mi blog, pero es que no he tenido tiempo. ¿Cómo? ¿Que no has tenido tiempo de escribir en vacaciones? ¿Pues qué has hecho entonces? Pues que voy a hacer, correr, eso es lo que he hecho antes, durante y después de mis vacaciones de verano.
   La culpa la tiene la dichosa Copa de la Diputación que me tiene absorbido, ya no distingo entre mi trabajo y el correr, ya no sé dónde empieza el ocio y termina el entrenamiento, dónde la obligación y dónde la devoción. Necesito una secretaria-o que me distribuya el tiempo, me planifique el entrenamiento, me cancele citas porque me coincide con carreras y de paso me busque un hueco para depilarme las piernas.
   Desde mi última entrada no he hecho más que correr, antes corría para despejarme del trabajo, ahora necesito despejarme de correr porque se está convirtiendo en mi trabajo. Además, como tengo el inmenso placer de formar parte del equipo del Peñacorada, desde que vamos los primeros en la clasificación esto se está convirtiendo en una cuestión de Estado.
   He trotado por todas la carreras de la Copa que he podido, y cuando no he podido ha sido por coincidir con mis vacaciones, las cuales he dedicado entre otras cosas a correr.
   De todas las carreras hasta ahora guardo recuerdos, unos mejores que otros, pero siempre contento, sobre todo por el compañerismo que se respira entre los corredores, conociendo gente nueva, volviendo a ver a los de siempre, vamos formando una pequeña tribu de incondicionales, de personas que compartimos la misma obsesión, el mismo lenguaje, los mismos dolores, la misma forma de vestir, hasta la ducha compartimos a veces.
   La última carrera en la que he participado ha sido la de relevos del Camino de Santiago. Me tocó, o por mejor decir, elegí, (no puedo decir que me engañaron), la tercera etapa, de Manjarín a Molinaseca, una bajada a tumba abierta durante 16 km. que si abrías los brazos despegabas del suelo. Puedo decir que es hasta ahora la carrera de la que guardo mejores recuerdos, por el paisaje, las sensaciones, y por terminar en ese maravilloso pueblo, el cual tiene un lugar especial en mi memoria.      Aunque lo que tampoco olvido es el dolor de piernas que me ha dejado, tengo agujetas  desde la cintura hasta las plantas de los pies.
   Pero eso no hace sino enardecer mi ánimo, endurecer el espíritu, elevar el umbral del sufrimiento, rellenar mi boca de baba por la satisfacción, y desear fervientemente repetir el ritual de siempre, enganchar los imperdibles a mi camiseta azul, saludar a la tribu, ponerme en la línea de salida y ….¡PUM!, vuelta a empezar.


martes, 2 de agosto de 2011

Corriendo por Asturias

   Cuando tengo que hacer la maleta para ir a algún sitio siempre lo primero que meto es la ropa de correr, vaya donde vaya algún sitio habrá para mover las piernas. Así que este fin de semana que nos íbamos a Asturias no iba a ser menos.
   El plan era ir a un camping que está a unos 6 km. después de Llanes. Guardo buenos recuerdos de carreras por Asturias así que ya me estaba relamiendo de gusto por anticipado.
   El caso es que el sábado por la mañana hice mi primera salida, a eso de las 9 salí del camping y sin ningún destino predeterminado tiré a la izquierda siguiendo la carretera. Después de unos 2 km. por el arcén y harto de ver coches de frente crucé hacia un camino que salía por la derecha y que tenía buena pinta. Pasando unas cuantas casas y las obras de la autovía me encontré con el pueblo de Andrín, una preciosidad pero como allí no se me había perdido nada enfilé una carretera que subía rodeada de eucaliptos, maravilloso el paisaje que me acompañaba de las montañas de la sierra de la Cuera completamente cubiertas de bruma. Pero lo que me esperaba al final de la subidita me dejó patidifuso. Llegué a lo alto y se me apareció el mar en toda su inmensidad, infinito hasta el horizonte, pero a mis pies, a lo lejos, también aparecía una playita enmarcada entre piedras. Así que busqué el camino para llegar hasta allí, el cual bajaba serpenteando hasta casi la arena. A esas horas la playa estaba solitaria y con la marea baja, así que la escena era de ensueño. La susodicha playa se llama la Ballota. Una vez conocida hice el camino de vuelta a casa para informar de mi descubrimiento. Total de la carrera una hora más o menos.
   Al día siguiente, domingo, estaba preparado para otra carrera mañanera. En la puerta del camping me decidí por salir a mano derecha, para variar. Después de recorrer un pequeño trecho de carretera me encontré con un cartelillo de madera que señalaba la ruta del “ídolo de Peña Tú”. Pues nada, pensé, vamos a conocer al ídolo, y siguiendo el dicho de Mark Twain,  de que si eres osado fuerzas poderosas acudirán en tu ayuda, me adentré con espíritu aventurero pon un angosto sendero, el cual cada vez se hacía más estrecho y sobre todo más empinado. Los últimos veinte metros los acabé casi escalando, pero cuando llegué a la cima lo que me encontré me dejó completamente sobrecogido. Un enorme peñasco con forma de cabezón y con inscripciones prehistóricas. Además la vista desde allí era totalmente turbadora, a la derecha el mar fundiéndose con el horizonte, y a la izquierda una vista majestuosa de la sierra totalmente verde y bajo la bruma que parecía irreal, como un enorme lienzo. No pude menos que parar un poco para contemplar el espectáculo tan arrebatador y dejarme embargar unos instantes por la dicha. Momentos como esos te hacen bajarte unos instantes de la inercia de la vida.
   En fin, una vez repuesto del ensimismamiento volví sobre mis pasos corriendo cuesta abajo el sendero  hasta llegar a la carretera. El caso es que iba pensando cuán diferente es correr en verano del resto del año. En la época estival, de vacaciones, al entusiasmo de correr se une el disfrute de paisajes fantásticos, al borde del mar, por el bosque; mientras que el resto del año, cuando tenemos el tiempo justo, pues eso, lo de siempre, como mucho la Candamia, que ya es bastante. Pero también es verdad que disfrutamos más del paisaje porque corremos, y porque corremos disfrutamos más de la vida.

jueves, 30 de junio de 2011

CORRECAMINOS

   Es cierto que los corredores le damos muy poca importancia a la técnica de carrera y ejercicios complementarios que nos aporten un suplemento de fuerza. Somos rápidos por naturaleza, nos buscamos un huequito en nuestros quehaceres diarios y lo destinamos a eso, a correr, enfilamos el camino, miramos de frente y que nos echen un galgo, a mover las piernas.
   Sí que es cierto que reconocemos la importancia del entrenamiento de calidad, sobre todo cuando se acerca la época de carreras, dependiendo del carácter competitivo de cada uno, le dedicamos más o menos tiempo, y nos ponemos a hacer series y cambios de ritmo con el objetivo de aumentar la velocidad de crucero. Otra cosa es que lo sepamos hacer bien y sacarle todo el provecho posible. A veces nos lo planteamos como un examen a preparar, una vez fijada fecha para la carrera nos ponemos quince días antes a exprimir el plan,  y como un plato para cocinar aplicamos los ingredientes, hoy 3 de 500 y 6 de 1.000, y mañana me toca 2 de 1.000 y 2 de 3.000 a ver si mejoro un poco el sprint y la potencia.
   Bueno, es parte del entretenimiento de este deporte, a veces somos como niños con sus juguetes, nos gusta  combinar piezas y a veces con un poco de originalidad y mucho de entusiasmo nos sale un plan que nos hace mejorar nuestro tiempo en una media en un minuto y nos vamos a casa más felices que si nos hubiese tocado la lotería.
   El caso es que como decía le damos en cambio poca importancia a la técnica de carrera para mejorar la eficacia y ejercicios para mejorar la potencia, en el que incluyo las cuestas. Así como nos gusta presumir de nuestro plan de series, pocas veces se nos oye hablar de abdominales o de lumbares, de multisaltos o de escaleras. Yo creo que va un poco con la naturaleza del corredor popular, ya se nos hace difícil encontrar hueco para salir a trotar como para encima dedicarlo a tirarse en el suelo y hacer abdominales, o a ponerse a dar saltitos o buscar unas escaleras y ponerte a subir y bajar y menos a la pata coja, que ya parece que te has vuelto idiota.
   Pues yo el otro día lo hice, sí, lo reconozco y me acuso de hacer técnica de carrera. No sé qué ventolera me dio por la mañana, pero primero hice un circuito Oberón, en la vida lo había hecho. Me busqué una recta de unos 100 metros de hierba y a las 7 de la mañana ahí me puse, empezaba en un extremo y corría hasta el otro y planchas, vuelta y abdominales, vuelta y multisaltos, y así como 10 veces, y en la puerta de un instituto con alumnos que repasaban para algún examen y me miraban de reojo como  pensando: “lo nuestro es penoso pero anda que lo de éste”.
   Y después del circuito como no tenía bastante (no sé qué había cenado la noche anterior), pues me puse con las escaleras, y sube levantando las rodillas, baja, y sube a la pata coja, baja, y sube saltando con los pies juntos, marché no porque estuviese cansado sino porque una señora que pasaba por ahí al verme se agarró a su bolso dudando de mi estado mental y mis intenciones.
   Pero a lo que voy es a los resultados, una vez que dejé las dichosas escaleras volví a casa zumbando, parecía el correcaminos. Al día siguiente volví a salir y he tenido la misma sensación de ligereza y velocidad en las piernas, en cuanto aprieto un poco el acelerador las piernas se mueven solas como si flotasen los pies, y notando además mayor resistencia. Es increíble la mejoría con un poco de trabajo de calidad, merece la pena perder un día de correr y dedicarlo a la técnica de carrera porque aumentaremos la eficacia, mejorando la velocidad y la resistencia, aunque te conviertas en el blanco de comentarios de los viandantes, yo, por si acaso, llevo música.

lunes, 20 de junio de 2011

Se fue the Big Man

   Cuando corro sólo me gusta hacerlo con música, me tapono las orejas, le doy al play y dejo que sea el ipod el que escoja. Así el sonido me sirve de compás para marcar el ritmo y me dejo llevar. Lo que pasa es que a veces pues suena alguna canción que, en otras circunstancias maravillosa, pero si te pilla subiendo y con poco fuelle te desmotiva. Así que desde hace un tiempo, para ir sobre seguro, lo que hago es poner solamente canciones de Bruce Springsteen. Esa voz llena de energía se me mete por las venas como una transfusión, igual una melodía suave o un ritmo fuerte, es un auténtico vendaval para mis piernas, te contagia su espíritu positivo de alguien que a pesar del tiempo y el éxito sigue siendo verdaderamente honesto.
   Pero el Boss no sería el jefe si no tuviera  su banda detrás, un grupo de amigos que como un gran equipo conjuntado saben recibir y cumplir sus  órdenes, así que pasen casi cuarenta años. Y ayer nos enteramos de una tristísima noticia, Clarence Clemons, the Big Man, nos había dejado. Todos sabemos que no era uno más del equipo, era algo más que el saxo. No hay más que ver su complicidad con el Boss en directo, en las presentaciones, reflejo de tantos años de camaradería, desde aquél día en que este grandullón puso toda su confianza en un escuálido chaval que perseguía la ilusión de hacer rock and roll, la misma ilusión que no ha perdido y por eso le hace ser creíble.
   Ya no volveremos a ver en directo a los dos amigos cruzándose la mirada, el Boss se sentirá menos jefe sin el compañero de fatigas, no sabemos qué será de la E Street Band, esperemos que le hagan un gran homenaje con un disco sincero, como todos los hechos hasta ahora, y yo, mientras, seguiré corriendo con el sonido de su saxo empujándome por los caminos, un sonido que a partir de ahora me sonará más celestial si cabe.

martes, 31 de mayo de 2011

Seguimos disfrutando

   Mucho tiempo hace que no me pongo a darle a la tecla para hablar conmigo mismo acerca de mí mismo, pero las circunstancias lo han impedido, o sea, que el ordenador un buen día se cansó, dijo ahí te quedas, y me dejó tirado. Pues muy bien, y desde la última vez han pasado muchas cosas, o por mejor decir, pocas cosas dignas de mención en bastante tiempo.
   En lo que al aspecto corricolari se refiere este lapsus me ha servido para corroborar la teoría que venía defendiendo últimamente, la de correr para divertirse, para disfrutar, para gozar. Por una parte empecé a leer el famoso libro de “Nacidos para correr”. Al principio me pareció un tostón, ahora, cuando casi lo estoy terminando pues también, en lo que se refiere al aspecto literario,  yo soy de la creencia de Borges que tenía pena de morirse por todos los libros que le quedaban por leer, y no es plan de perder el tiempo con tonterías. Pero si nos dejamos de crítica literaria el libro aporta bastante al ámbito de correr. Por un lado se podría considerar un poco, o bastante controvertido, por la defensa del pie descalzo y sobre todo por su feroz crítica al calzado deportivo.
   Creo yo, desde mi modesta opinión, que tiene razón en alguna cosa, como por ejemplo en la necesidad de desarrollar la estructura del pie corriendo descalzo, y cómo influye en la pisada pues la sensación de indefensión que te da te hace ser más cauto y pisar con más ligereza como si corrieses flotando y no dejándote caer como en un colchón a sabiendas de la amortiguación de la zapatilla. Eso es fácil de comprobar corriendo en la hierba o en la arena, el problema es ése, que normalmente no se corre en ese tipo de superficies y el asfalto además de duro está lleno de cosas que hacen daño.
   Por otro lado, habla el libro de la búsqueda del secreto del éxito corriendo en gente que destaca por sus habilidades, poniendo el ejemplo de la tribu protagonista o de corredores de élite como Zatopek, y llega a la conclusión de que se encontraba en el simple hecho de convertir la carrera no en un fin, sino en un medio de disfrutar, con el hecho de estar corriendo ya vale.
   Entretanto apareció la Media del Dulce y decidí correrla como la de León, para saborearla de cabo a rabo, con el placer del trago de vino que te hace pasar el queso en la garganta. Y me planté en la línea de salida con la música al cinto, la primera vez. Con el fin de asegurar la dicha me hice acompañar toda la carrera de Bruce Springsteen. El resultado fue que durante la prueba gocé como un enano, disfruté del paisaje de los maravillosos pueblos por donde pasamos, canté con el Boss y le acompañé en algún sólo de batería, y al llegar a meta, comprobé que había hecho incluso mejor tiempo que la de León, y encima me dieron una caja de pastas hecha en Benavides. Para qué quieres más.
   El caso es que la sensación de disfrutar corriendo te corrige la postura, supone una mejora en la técnica de carrera, pues te estabiliza la espalda a la vez que te aporta ligereza en las piernas y los brazos; y a la vez, esa sensación de ligereza de ayuda a incrementar la velocidad sin sensación de esfuerzo y te ayuda a disfrutar mientras corres. O sea, el pez que se muerde la cola, por algún sitio hay que empezar.
   Y hablando de disfrutar y de caerse la baba, mientras tanto el Barsa otra vez campeón de Europa, si es que una vez que te emocionas te acostumbras y no paras. Pues que siga el jaleo.